martes, 1 de junio de 2010

Cosas olvidadas

Desde que tenemos uso de la razón nos enseñan e inculcan los valores impuestos en la sociedad en la que nos toca vivir. Muchas de estas enseñanzas nos las dan las experiencias vividas, aunque en ocasiones esas valiosas lecciones pasan al olvido con el paso de los años.

Una de esas lecciones que todos deberíamos recibir es la de afrontar nuestras acciones y reconocer nuestros aciertos, pero también nuestros errores. Desde que somos pequeños se nos incita a presumir de los logros que conseguimos y a ocultar nuestros errores y equivocaciones, pero nadie nos avisa de las consecuencias que esto último puede acarrear, mas bien lo aprendemos a base de enfrentarnos a las consecuencias, y es aquí donde surgen dos tipos de personas.

Por un lado tenemos a las personas que siempre que cometen un error son descubiertos con rapidez y se tienen que enfrentar a las consecuencias de su equivocación y a las consecuencias de ocultarlo. Muchas de estas personas finalmente optan por reconocer sus errores y se dan cuenta de que las consecuencias no son tan graves como parecía, y descubren que si además buscan soluciones el problema desaparece.

Por contra están aquellos que cuando cometen un error son capaces de ocultarlo con maestría de modo que nunca son descubiertos. Generalmente este tipo de personas no conocen las consecuencias de sus equivocaciones y, por lo tanto, no se esfuerzan en buscar soluciones.

Todo esto me lleva a una pregunta de difícil respuesta ¿tienen nuestros políticos mala memoria y han olvidado esta valiosa lección o es que se creen que pertenecen al segundo grupo y son capaces de ocultar sus equivocaciones?

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